bienvienidos a "Cantabria a través de su música"

Los vestigios prehistóricos de Cantabria aparecen frecuentemente citados en las investigaciones que relacionan la cultura material con la actividad musical.

Es muy difícil encontrar información fidedigna y concreta del estudio de la actividad musical en la prehistoria.

Tan solo Ismael Fernández Cuesta y Adolfo Salazar ofrecen algunos datos de los que podría haber sido una actividad musical en las cuevas y yacimientos de Cantabria.

En la cueva del Castillo (Puente Viesgo) aparecen grandes raederas, raspadores y útiles en material óseo como el marfil que bien pudieron haber sido utilizados como idiófonos de rascado.

En la cueva de Morín de Cantabria tenemos un ejemplo de yacimientos del Paleolítico Medio en los que se evidencian enterramientos y prácticas mágico-religiosas.

La constatación de unas prácticas rituales en las inhumaciones hace pensar en l a utilización de un acompañamiento musical ya sea instrumental o vocal.

En la cueva del Castillo se encontraron útiles que, además del fin para el que fueron creados pudieran tener una significación musical.

La evidencia de prácticas rituales de contenido mágico-religioso hacen suponer que la danza y la música formaban parte del mundo simbólico del hombre prehistórico.

Cantabria, con el gran número de yacimientos prehistóricos que posee, es una zona de gran interés para el estudio de la música en la prehistoria, un estudio que, por otra parte, está lleno de suposiciones e interrogantes.
…
En la época prerromana Cantabria estaba poblada por un grupo de tribus a las que se les dio el nombre genérico de Cántabros.

Es sabido que, junto a otros pueblos del norte de la península, adoptaron una postura de resistencia ante las expansión del Imperio Romano.

De sus costumbres, su lengua y sus orígenes se sabe muy poco.

Los Cántabros eran un pueblo más atrasado que otros que habitaban en la península, aunque de similares características culturales a sus vecinos astures y vascones.

Su estructura social era de carácter tribal y dominada por el matriarcado.

Poco se sabe de su música. La única fuente escrita nos viene del geógrafo Estrabón. Vivió aproximadamente entre el año 63 a.C. y el 19 a.C. Parece ser que Estrabón utilizó los Archivos del Estado de Roma para elaborar su obra.

Dedica un espacio considerable a los cántabros, describiendo su situación geográfica, las guerras con Roma y sus costumbres.

Las referencias musicales de la vida musical de los cántabros en la obra de Estrabón nos indican que utilizaban aerófonos de distintas clases.

La práctica musical estaba ligada a las celebraciones festivas de carácter tribal. La música estaba ligada a ritos religiosos y a la danza; tenía un carácter funcional, purificador y mágico, cosa muy frecuente en muchas de las culturas de la época.

Por último, Estrabón señala que los cántabros, cuando eran sacrificados morían entonando himnos de victoria en un gesto loco de heroísmo. Estos serían sin duda, cantos épicos, transmitidos por la tradición oral y muy similares a los de otros pueblos de la península como los lusitanos y celtíberos.
.
En la actualidad, Fernando Gomarín Guirado da noticias de un hallazgo arqueológico en el yacimiento de Celada Marlantes que identifica con un idiófono muy simple: el instrumento construido en material óseo, sería muy similar a una ocarina.

…


El foco cultural más importante de Cantabria durante la Edad Media fue Liébana. Acogió a los cristianos provenientes del sur que habían huido de la invasión musulmana y que introdujeron nuevos rasgos artísticos.
.
Se puede decir, que al igual que los elementos arquitectónicos, la liturgia mozárabe penetró con fuerza en los monasterios de Cantabria.
.
La comarca de Liébana se convirtió durante la Edad Media en un núcleo cultural de primer orden. Los monasterios de la zona, dependiente por entonces del reino asturiano, poseían bibliotecas de gran riqueza en donde figuraban códices litúrgicos pertenecientes al rito hispánico o mozárabe.
.
Pese a la inexistencia de fuentes musicales, varias referencias en documentos altomedievales, constatan la práctica del canto mozárabe en los centros religiosos más importantes de Cantabria en el período previo a la implantación del canto gregoriano.

Las representaciones de instrumentos que aparecen en varios Beatos ofrecen una información organológica de primera magnitud. Las dos clases de instrumentos que aparecen con más frecuencia son las trompetas y las cítaras.

Las miniaturas son la fuente organológica más importante que poseemos de los siglos X y XI. El problema que plantean estas fuentes es averiguar su grado de realismo.
.
Cantabria posee fuentes iconográficas instrumentales en las esculturas de varias iglesias y monasterios, Estos edificios fueron construidos entre los siglos XII y XIII dentro del románico imperante.
.
En este período la escultura desplaza a la miniatura en cuanto a número de representaciones instrumentales.
.
El escultor románico va a esculpir figuras humanas tañendo diversos instrumentos bajo una perspectiva artística no muy diferente a las del miniaturista mozárabe.
.
Su obra refleja una estética antinaturalista y formalista; prima lo general y lo homogéneo, resultando una visión de las cosas reducida a meros arquetipos. Adapta sus composiciones al marco arquitectónico sin ningún reparo -capiteles, dinteles, canecillos, etc...-; de ahí que las figuras se distorsionen en función de su poder significante; los instrumentos manifiestan, en unos casos, una considerable desproporción en relación a sus intérpretes.
.
En general, el artista románico muestra una gran despreocupación por detalles organográficos y por la forma de tañer los instrumentos.
.
No pretende una reproducción fidedigna sino la plasmación de una idea.

Las fuentes organográficas existentes en Cantabria se ajustan a estas ideas generales sobre la estética del románico y su relación con la representación de instrumentos.
.


Los edificios religiosos con iconografía musical son:
.
la iglesia de Santa María la Real de Piasca, la ermita de San Lorenzo de Pujayo, el monasterio de Santa María la Mayor de Barruelo de los Carabeos, el monasterio de San Cipriano en Bolmir, la iglesia de Santa María de Yermo, la iglesia de los Santos Cosme y Damián de Bárcena de Pié de Concha, la iglesia de los Santos Primitivo y Facundo de Silió, la iglesia de San Juan de Raicedo, la iglesia de Santa María de los Angeles de San Vicente de la Barquera, la iglesia de Santa María de Henestrosa de las Quintanillas, la colegiata de Castañeda y la colegiata de San Pedro de Cervatos.

La mayor cantidad de representaciones de instrumentos aparecen en los canecillos, tanto de los ábsides como de las fachadas.
.
Las figuras humanas, que tañen arpas, vihuelas de arco, panderos, etc., adoptan la forma triangular que el marco les impone.
.
Los instrumentos son representados con pocos detalles organológicos, aunque los suficientes para que el espectador los reconozca. La interpretación iconográfica es un asunto complejo.
.
En algunos casos podemos dar una interpretación precisa pues la escena en la que aparecen los instrumentos es la plasmación de un pasaje bíblico -como en el caso de los Beatos-.
.
En otros casos la interpretación es más complicada; varios autores indican que las obras escultóricas que muestran figuras humanas tañendo instrumentos representan a juglares.
.
Sin duda alguna las esculturas románicas son la fuente más importante para conocer la organología medieval, sin embargo la reconstrucción de su forma, sonoridad y modo de interpretación, se debe completar con un estudio detallado cotejando otras fuentes y teniendo en cuenta los presupuestos estéticos del arte medieval
…
Es muy probable que la actividad musical culta se diese tan sólo en el ámbito eclesiástico; sin embargo, los centros religiosos eran pequeños y ninguno consiguió convertirse en iglesia-catedral. Esto imposibilitó la existencia de capillas musicales catedralicias y por consiguiente la implantación de la polifonía renacentista. Durante el Renacimiento, la música religiosa en Cantabria estuvo apegada a las prácticas musicales medievales.

Las Constituciones de la Abadía de Santillana, de 1552, son la fuente documental más importante de la música de este período. La música en la Abadía de Santillana quedaba regulada en las constituciones o estatutos en los que se indicaban las obligaciones de los distintos cargos con una función musical.
.
El capiscol era la máxima autoridad en este sentido. Su función consistía en dirigir el canto del coro, además de buscar las piezas destinadas a los diferentes oficios; era también el encargado de comenzar los cantos, dirigir las procesiones y estar al cuidado de los libros de música para los diferentes servicios.
.
Los estatutos de Santillana no nos aportan datos para pensar en una práctica polifónica; el capiscol o sochantre no tenía una función musical creadora, como el maestro de capilla; su ámbito de actuación se limitaba a la regulación y organización del canto llano en los oficios y demás celebraciones litúrgicas. La abadía de Santillana contaba con mozos para el servicio del coro que participaban en el canto, además de tener encomendadas otras funciones.


La música profana en los siglos XV y XVI en Cantabria se limitaría a la popular monódica debido a la inexistencia de casas nobiliarias capaces de sustentar una capilla musical propia. Sin embargo, no se debe pasar por alto la figura de Rodrigo de Reinosa, personaje que plantea muchas incógnitas, pero que ejemplifica la figura de los poetas-músicos que durante el Renacimiento compusieron canciones, romances y villancicos que posteriormente, a través de la edición en pliegos de cordel, fueron recitados y cantados en las ciudades y pueblos de la península.

Fue Menéndez Pelayo quien primero especuló sobre su probable naturaleza campurriana, y así afirmó: "De sus versos nada se saca en limpio, y para traerle hacia nuestra casa no tenemos más indicio que su apellido, el cual tratándose de persona tan plebeya y humilde como parece haber sido, debe indicar el pueblo natal y no otra cosa".

José María de Cossío, que le dedicó un volumen en la Antología de Escritores y Artistas Montañeses, es de la misma opinión; "era frecuentísimo por aquel tiempo el uso del nombre del pueblo natal como apellido, tanto en las gentes de condición humilde como en otros estamentos de la sociedad. Los nombres de pueblos apellidando a los poetas del siglo XV y primeros años del siglo XVI, eran habitualmente utilizados entre los escritores de pliegos sueltos".

Cossío da pistas sobre su vida, indicando que debió ejercer su actividad literaria y musical en el último cuarto del siglo XV, pues en una de sus coplas -un diálogo entre un ventero y un escudero nos habla de la inminente muerte del rey Enrique IV (1474) y de la existencia de la Santa Hermandad (reorganizada en 1476), por lo que podemos situar la composición de estas coplas unos años más tarde.
.
Su actividad literaria se prolongó hasta las primeras décadas del siglo XVI, tal como señala en su monografía José María Cabrales Arteaga ("La poesía de Rodrigo de Reinosa". Santander, institución Cultural de Cantabria. Diputación Provincial, 1980). Sus obras se extendieron por gran parte de la península. Algunas fueron localizadas en lugares tan distantes como Medina del Campo y Tarragona, o impresas en Barcelona, Toledo, Burgos y, probablemente, Sevilla.
.
El Cancionero de Rodrigo de Reinosa de coplas de Nuestra Señora, impreso en Barcelona en 1513, es la primera obra editada de este poeta, sin embargo hoy se da por perdida. Existe un Cancionero de Nuestra Señora, de impresión muy tardía (León, 1612) que, aunque atribuido a Rodrigo de Reinosa, plantea dudas acerca de su paternidad, habiendo sido refundido y modernizado en su lenguaje y ortografía. el resto de su obra apareció publicada en pliegos de cordel o dentro de cancioneros.

No existe composición musical alguna que demuestre la faceta compositiva de Rodrigo de Reinosa. En algunos títulos de sus pliegos de cordel, sin embargo, dejó indicaciones para su interpretación musical.Las obras de Rodrigo de Reinosa debieron ser puestas en música mediante la utilización de melodías preexistentes muy populares.

En el Cancionero de Palacio se encuentran dos villancicos, uno de autor anónimo y otro de Gabriel, sobre el cual hizo coplas Rodrigo de Reinosa. Era este un sistema frecuentemente utilizado por este tipo de poetas; tomaba un villancico y modificaban las coplas dejando el estribillo.

Rodrigo de Reinosa no estuvo a la altura de otros poetas como Juan del Encina -músico y escritor, máximo exponente de la polifonía profana del Renacimiento español-, sin embargo ejemplifica la trayectoria de un artista menor dentro del panorama de la lírica popular del momento
…
El templo de Santander, que albergaba las reliquias de los Santos Mártires, se convirtió en catedral a mediados del siglo XVIII, cabeza del nuevo obispado desmembrado del burgalés. A partir de entonces comenzó el período más floreciente de la música religiosa en Cantabria.
…


luego ya llegamos a nuestros tiempos en los que los cantautores cántabros actuales están dejando y trabajando su legado... dejaremos a nuestros nietos investiguen sus huellas y recogan sus odas. Espero os haya interesado este paseo a través de las huellas de la música cántabra.

bienvenidos a "un bordado de costas y colinas"

La orografía de esta Comunidad Autónoma queda determinada por la cordillera Cantábrica; por ello, y aunque el término hoy ha caído en desuso, durante siglos se denominó a estas tierras, simplemente, La Montaña.

La mayor parte de Cantabria es un bordado de laderas y colinas que van perdiendo altura a medida que se aproximan al mar.
.
Tan sólo la parte central de la región sobrepasa la línea de cumbres y se extiende hacia el sur en torno al río Ebro, que discurre por entre las estribaciones de la cordillera Cantábrica adentrándose en las tierras meseteñas.

El relieve más abrupto y también el que contiene las máximas alturas se encuentra en el macizo oriental de los Picos de Europa, situados en el límite con el Principado de Asturias. Allí, Peña Vieja, con sus 2.613 metros, es la cumbre más alta de Cantabria.
.

Este panorama de relieve se completa con los valles fluviales, cuyos ríos, a veces en profundos tajos, cortan perpendicularmente la cordillera Cantábrica para abrirse paso hacia el mar.

De oeste a este, los principales ríos de Cantabria son: Deva, Nansa, Saja, Besaya, Pas, Miera, Asón y Agüera. A éstos debe añadirse el Ebro, cuyos primeros kilómetros de su largo recorrido discurren por tierras cántabras, dede su nacimiento en Fontibre, muy cerca de Reinosa.

En tierras de Cantabria el río Ebro queda retenido mediante la presa de Arroyo, dando lugar a un embalse que ocupa una superficie de 60 kilómetros cuadrados y que se reparte entre el territorio de Cantabria (el 70%) y el de Burgos (el 30% ).

. La costa resulta particularmente variada al ofrecer tres tipos de formaciones geomorfológicas que se alternan a lo largo de todo el litoral: los acantilados, los estuarios y bahías y las playas.

Las formaciones más espectaculares de acantilados se encuentran en Santoña, en Oriñón y en torno a las rías de Tinamayor y Tinamenor.


El estuario es la forma natural en que desembocan los ríos cántabros al mar.
. Algunos ven ampliadas sus desembocaduras en extensas bahías, como las de Santander y Santoña y, en menor medida, en la de San Vicente de la Barquera.
.
El Litoral cántabro tiene más de 100 playas de muy diferentes tamaños, que van desde los 5 kilómetros de la playa de La Salvé en Laredo, hasta las escasas decenas de metros de algunas pequeñas calas.
.
En todas ellas predominan las arenas finas que en algunas ocasiones, como en Oyambre, declarado Parque Nacional y, sobre todo, en Liencres, dan lugar a sistemas de dunas en mayor o menor grado de regresión.

bienvenidos a "el universo de las letras cántabras"

Para hacerse una idea de este universo de las letras en esta tierra tan especial y hermosa, he escogido un artículo de un médico cántabro con sensibilidad literaria D. Juan Antonio González Fuentes… y dice así:

Algunos escritores y poetas viven en Santander, en esta Reserva Infinita que en no pocas ocasiones es una tumba cansina y eterna. Estén al tanto, es fácil toparse con ellos, léanlos de vez en cuando

Le quiero tomar el pulso y ponerle el termómetro a la creación literaria en Cantabria para conocer su temperatura y establecer su ritmo cardiaco. Obediente procedo a hacerlo, pero advirtiendo de antemano que soy médico mediocre y que el termómetro utilizado muestra los grados en una escala que a mí me convienen o interesa, la mía muy particular. Teniendo en cuenta estas dos premisas, más las circunstancias que rodean o que son intrínsecas del sujeto analizado, diré que en un acercamiento superficial la creación literaria en Cantabria tiene una temperatura adecuada para la vida. Lo que no es poco, dado que los apoyos institucionales son naturalmente famélicos y que Cantabria está situada en la lejana periferia de una sistema creativo que ya de por sí es periférico.

Hoy en día conviven en nuestra pequeña geografía varias generaciones de escritores que con mayor o menor fortuna, con más o menos “proyección nacional”, están escribiendo en distintos campos y géneros literarios, si es que esta estabulación temática de lo escrito puede seguir sosteniéndose a estas alturas de la película.

Las calles de Santander, de Torrelavega..., son pateadas a diario por un número estimable e insospechado de poetas y narradores, de ensayistas creativos y dramaturgos, de articulistas, de..., que con edades, formaciones, expectativas y experiencias muy heterogéneas siguen empeñados, afanados, en la vocación y oficio de emborronar con palabras negras folios en blanco o pantallas luminosas de ordenador.

Se me enfadarán los narradores, pero la especie de plumíferos cántabros más abundante y reconocida dentro y fuera de esta Gran Reserva o parque temático de nombre Cantabria Infinita es la de los poetas.

Son muchos los poetas cántabros, siempre han sido muchos a lo largo de los últimos ciento y pico años, y quizá sea la atmósfera de balneario pulcro y anémico la que propicie el fenómeno, o al menos, la que lo adjetive. Si uno se aposta en un banco de la plaza de Pombo no tardará mucho en vislumbrar la figura de Julio Maruri, a sus más de ochenta años parisinos y santanderinos, pictóricos y carmelitas, el último gran poeta proelista vivo, todo un Premio Nacional.

Y al poco de pasar Maruri, tampoco será extraño que vea circular la figura menuda y oscura, simpática, filosófica y nadadora de Alberto Santamaría, el crack cántabro de la más consolidada joven poesía española, quien a sus 32 años está en todas las quinielas de los buenos versos, habita en muchas de las grandes colecciones poéticas hispanas, y está a punto de lanzarnos un ensayo en la editorial Pre-textos llamado a hacerse un hueco inapelable en la difusa frontera de lo poético filosófico.

Dos poetas de dos generaciones separadas por más de medio siglo, y entre ellos todo un océano de versos, revistas, libros, lecturas, antologías, colecciones..., todo un océano calmo o con olas encrespadas de poetas representativos de todas las tendencias habidas y por haber:

Carlos Alcorta, Rafael Fombellida, Ángel Sopeña, Fernando Abascal, Marián Bárcena, Miguel Ibáñez, Ana García Negrete, Vicente Escudero, Antonio Montesino, Gómez Aguilera, Gloria Ruiz, Manuel Arce, Enrique Ferrer, Marcos Díez, Jesús Cabezón, Mariano Calvo, P. J. De la Peña, Natalia Liaño, Malo Macaya, Fidel de Mier, María Jesús Puente, Lorenzo Oliván, Regino Mateo, Isaac Cuende, Alejandro Gago, Ana Belén Rodríguez de la Robla, Maribel Fernández Garrido, Guillermo Balbona, Adela Sainz, Raquel Serdio, Mario Crespo, Yolanda Soler Onís...

Sí, un océano que ha visto recogidas algunas de sus olas en antologías nacionales, en importantes premios como el Loewe, o en varias de las señeras colecciones poéticas de este país llamado de momento España: Pre-Textos, Visor, Hiperión, Renacimiento, Icaria, DVD ...

Para hacerse una idea de este contingente de versos y poemas el público asistente puede acercarse a su librería de guarda y preguntar por dos libros: Voces poéticas de Cantabria (1977-2004) de Luis Alberto Salcines (Devenir, Madrid, 2005) o La poesía del medio siglo en Cantabria (1950-2000) de Manuel Arce (Estvdio, 2006).

En las mismas baldas podrá hacerse, por ejemplo, con otros dos títulos significativos de por donde fueron y por donde van los tiros: Sutura (Hiperión, 2007) de Carlos Alcorta, y la Antología (1949-2006) de Alejandro Gago (Icaria, 2007).

...

El terreno del arte de narrar, por razones bastante comprensibles para cualquiera, creo que ofrece menos hitos significativos a apuntar, aunque haberlos haylos desde luego, y no poco sorprendentes bien por las dimensiones de los esfuerzos, en algunos casos homéricas, bien por su calidad o bien por su repercusión en el atiborrado panorama peninsular.

Gonzalo Calcedo (Palencia, 1961) es uno de los mejores cuentistas españoles del momento actual, y espero que no se me enfade por llamarlo cuentista. Calcedo de un tiempo a esta parte se ha convertido en uno de los maestros del cuento español, un cuento pasado eso sí por el medio oeste americano, y en el que nos es difícil reconocer las huellas dactilares de autores como John Cheever, for example. En este sentido Calcedo, como ha reconocido ya la crítica especializada, inventa su propia tradición, alejada en cualquier caso de la tradición española más garbancera. De Gonzalo Calcedo el lector va a encontrar en las estanterías títulos como La carga de la brigada ligera (Menoscuarto), Esperando al enemigo o La madurez de las nubes, los dos en Tusquets.

Por las calles de Santander es muy fácil ver caminar a velocidad mareante a Enrique Álvarez (León, 1954), según mi termómetro, sin duda posible uno de los escritores de raza más auténtica de los que encuadran el panorama al que aludimos, y uno de los que a pesar de su veteranía y obra aún está poder leer, o mejor dicho, por leer bien. Autor de novelas y de algunos libros de cuentos realmente memorables, el aficionado que lo desconozca puede empezar a intimar con su trabajo leyendo El trino del diablo (Menoscuarto, 2006), generosa antología de sus cuentos.

Abandonado a un aparente silencio se mostró durante años Manuel Arce (Asturias, 1928), el prosista de obra más extensa y mejor publicada de los que hoy respiran nuestro mismo aire. Seis novelas entre 1956 y 1970 editadas por Destino, Seix Barral o Plaza & Janés, dos de ellas llevadas a la pantalla grande, lo contemplaban nostálgicas hasta que en 2006 ganó el Premio Internacional de Novela Emilio Alarcos con El latido de la memoria (Algaida), más de 400 páginas con una historia ambientada en el Santander de la Guerra Civil.

En mi supina ignorancia a estos tres nombres yo sumaría los de Gloria Ruiz, Carlos Villar Flor y Baldomero Madrazo, narradores que en dos de los casos (Gloria y Carlos) son poetas, y en el caso de Ruiz, sobre todo poetas. Los tres han publicado novelas con fortuna desigual. Los tres ofrecen títulos a tener en cuenta en un somero repaso del panorama regional. A la lista hay que sumar a un narrador excepcional cultivador de un género minoritario y minúsculo, el microrrelato. El poeta Miguel Ibáñez es un maestro en tales distancias, y al que me lleve la contraria lo desafío a que lea El lobo veloz (La Sirena del Pisueña), una muestra con ramalazos tal vez geniales de género tan complejo y breve.

En una ampliación de capitales, o mejor dicho, de géneros, debería extenderme hasta la escritura teatral, es decir, los textos pensados para ser llevados a las tablas de un escenario. En este apartado llamado a ser invisible a fuerza de ser imposible en una capital como Santander, puedo apuntar de memoria al menos tres autores: el gran Isaac Cuende, poeta, actor, recitador y autor a quien habría que levantar un monumento municipal como eximio mantenedor durante décadas oscuras de la llama literaria en la región; el no menos grande Paco Valcarce, figura esencial en la subsistencia de la actividad teatral en Cantabria a finales del siglo XX; y el joven pero menos Alberto Iglesias, actor también, y también poeta y narrador, cuyas obras para las tablas se representan en buena parte de España y ganan con voracidad premios de escritura teatral por doquier.

No llevo la cuenta de todos los nombres y los apellidos apuntados, pero me temo que son decenas, demasiados a no dudarlo para un oficio en el que, según Eliot, sólo sobreviven un puñado cada cien años a las sentencias del tiempo, y de entre los elegidos, en ocasiones, sólo algunos libros, algunos cuentos, algunos pocos versos. Con todo, seguro que se me han quedado nombres en el tintero, es decir, más razones para puntilloso apuntes en las benditas y puntillosas listas negras. Claro que en alguna lista de algunos de los citados también habrá hoy más motivos para más anotaciones. ¡Qué le vamos a hacer! “Más madera, esto es la guerra”, decía el único de los Marx al que aún hoy se le ríen las gracias.

Queda aquí constancia de una porción de la legión de letraheridos que puebla nuestra cotidianeidad, que llena cuadernos, paquetes de folios o discos duros con las palabras más hermosas, verdaderas, elocuentes…, de que son capaces. Escriben poemas, cuentos, novelas, artículos, ensayos, críticas, reseñas, blogs,.. Con sus obras impresas seguro que algunos construirían una bonita pira funeraria, harían un espléndido y entretenido auto de fe. Y seguro que en otros en ellas encuentran verdades como puños, versos y poemas memorables, pensamientos acertados y brillantes, personajes inolvidables, historias que se desea no terminen, explicaciones para lo inexplicable, hermosa confusión desarbolando el más domesticado sentido común.


Muchos de estos escritores y poetas, la mayoría, viven en Santander, otros incluso sobreviven fuera de los límites fronterizos de esta Reserva Infinita que en no pocas ocasiones es para sus escritores una tumba abierta, cansina y eterna. Estén al tanto, no es difícil toparse con ellos, y léanlos de vez en cuando.

@Juan Antonio González Fuentes -

bienvenidos a " la tradicional fiesta del orujo"

Una de las comarcas más atractivas por el entorno natural montañoso que conforman los Picos de Europa y los encantadores pueblos rurales es Liébana con su capital en Potes.

La especial orografía y microclima de la zona permiten cultivar con sorprendente éxito verduras, frutas y legumbres.

Se dan generosamente las setas y los caracoles y existe una importante industria artesana de producción de quesos de gran calidad con denominación de origen (como el queso picón Bejes-Tresviso o los quesucos). Son también conocidos sus jamones curados al frío y sus embutidos.

.

Los protagonistas de la mesa lebaniega son sin duda los quesos y el cocido lebaniego que, pese a su contundencia, tiene seguidores durante todo el año.

Como postres conviene probar la miel y los dulces caseros de la zona.

Y para comidas indigestas el té de los puertos de Aliva con orujo.

Todos estos productos pueden adquirirse en el tradicional mercado de Potes de los lunes, así como en las tiendas y bares del valle.

Mención aparte merece al aguardiente de orujo y sus muchas variantes que han dado lugar a una de las celebraciones más atractivas de la región, la Fiesta del Orujo, que tiene lugar el segundo fin de semana de noviembre en Potes.

.

Esta festividad consiste en la degustación del orujo que se produce en la comarca, acompañado de música tradicional, mercados populares, participación de famosos y concursos.

La producción de orujo lebaniego se remonta a la cosecha de viñedos en los monasterios en la Alta Edad Media.

Cada año se galardonan a uno o varios personajes como "orujeros mayores", encargados de leer el pregón y participar activamente en el festival con charlas y sobre todo con el encendido de las alquitaras.
Además, se otorga la "Alquitara de Oro" a la marca que ha producido mejor orujo del año.

La música, el folclore, las tradiciones, el buen comer y beber, se convierten en una disculpa perfecta para la convivencia, en este entorno de incomparable belleza.

Este evento atrae cada año a miles de personas para revivir la tradición centenaria de la destilación del orujo en las tradicionales alquitaras de cobre.
.

La fiesta del orujo se instauró en 1984, aunque durante nueve años (entre 1985 y 1994) estuvo prohibida, al igual que la destilación casera o con alquitaras móviles.

Así, todas las alquitaras fueron precintadas y sólo podían fabricar licor aquellos orujeros legalmente inscritos como fabricantes.

En 1994, esta prohibición se abolió únicamente para la Fiesta del Orujo. Todos los años, los inspectores se trasladan a Potes donde proceden al desprecintado de las alquitaras que participan en el evento y su posterior precintado una vez finalizada la fiesta.

Todo el orujo que se obtiene durante la Fiesta debe ser consumido en el momento y no se puede comercializar.

bienvenidos a "el embrujo de los valles pasiegos"

Entre la montaña y el mar se encuentran los fértiles y bellos valles de Cantabria y también una gastronomía peculiar que vale la pena descubrir.

Entre las cuencas de los ríos Saja y Nansa, en la zona occidental de Cantabria, un lugar de altísimo valor ecológico, está el Parque Natural Saja-Besaya.

Es la zona del cocido montañés, con su generoso compango, el guiso más popular de la región que se puede degustar en tabernas y mesones de Bárcena Mayor, Tudanca, Valle, Ruente, Ucieda, Carmona, Cos...


.
.
.
.
.
.
Siempre acompañado de alubias rojas estofadas, de buenas viandas de la zona, en particular carne de vaca Tudanca y, en época adecuada, de buenas piezas de caza.

Campoo y Valderredible, en la parte sur de la región, limítrofe con Burgos y Palencia, se puede dar buena cuenta de la cocina campurriana, cuyas estrellas son la olla ferroviaria, el chuletón de rechao, la miel de brezo y las setas.



.

También a destacar su excepcional ganado vacuno de montaña, su exquisito potro y cabrito, un fino hojaldre (pantortillas) y la mejor miel de Cantabria.

Otro punto importante es Campoo de Suso, con buenos artesanos del queso y de la miel, de las mermeladas y las confituras silvestres.

Por estos campos se recoge la exquisita seta de primavera.

En Valdeolea y Valdeprado de Río ofrecen buenas carnes de vacuno, lechazo, cordero y cabrito, así como miel de brezo y un estupendo pan, el de Olea, cocido en horno de leña.
.


En las Rozas y Campoo de Yuso, la especialidad es el pollo de corral o "picasuelos".

De Valderredible destaca la patata, considerada la mejor de Cantabria, además de buena miel, como en toda la zona y un sabroso queso que se elabora en Guerrero, el valluco, artesano puro de oveja.

Los Valles Pasiegos forman una tierra dotada de una riqueza extraordinaria de pastos.

No es de extrañar que la vaca pasiega, hoy casi extinguida, diera la mejor leche y sus derivados, particularmente la mantequilla, sirvieran para elaborar una gran repostería, sobre todo sobaos y quesadas, productos que han logrado ser los mejores embajadores de la cultura pasiega.

.
El itinerario contempla las tres villas pasiegas: San Roque de Riomiera, Vega de Pas y San Pedro del Romeral.
.


Se recomienda adquirir los sobaos grandes, que llevan auténtica mantequilla pasiega.

Otro centro importante de sobaos y quesadas es Selaya cuyos sobaos son similares, pero las quesadas tienen sabores y texturas diferentes.

Aparte de los dulces, también es de resaltar la ya mencionada olla ferroviaria, la carne de vacuno, el guiso de cabrito, las alubias estofadas, los productos de la huerta y los quesos (el fresco de Vega de Pas y los quesucos de nata pasiegos, ambos elaborados con leche de vaca).

Para terminar el recorrido por la Cantabria más sabrosa, falta una visita a los valles de Asón y Soba, en la costa oriental de Cantabria, escasamente poblada y con una belleza paisajística notable. El Asón, junto al Pas, es el río salmonero por excelencia en Cantabria.
.
Su cocina, como no podía ser de otra forma, incluye salmón, trucha y angulas.

El itinerario gastronómico comenzaría en Colindres, que cuenta con puerto pesquero y es zona de bares y tabernas donde se sirve buen marisco y pescado.
.

.

.

.

.

En Limpias son famosos los picatostes con chocolate y en Ampuero las jornadas de las angulas y la caza, que atraen a multitud de comensales de todas partes.

En el valle de Soba se recogen buenas setas y se preparan recios asados de cordero.

Arredondo, conocida como la capital del mundo, presume de tener excelentes cotos de trucha y buena mano para los guisos de cordero y cabrito.